martes, 17 de febrero de 2026

Mentiras

Invítame un cigarrillo... Cierra la puerta. Sácate el calzado y deja tu cartera sobre el sofá.
Cuéntame sobre estos días. No voy a decirte aun que te he extrañado. No lo mereces.
Me has estado mintiendo. Lo se.
Se que no ibas a trabajar. Hace rato te despidieron. Se que hay alguien mas.
Cuéntame... que es de ti? Dime la verdad, que no eras feliz. Que odiabas nuestra cama.
Sonríes. Sigues hablando. Y observo tus manos, las mismas que acomodan tu pelo detrás de tu oreja. 
Y se que acaban de acariciar el rostro de ella. 
Mientras bebo de mi copa, me quedo observándote, y me traes a la realidad cuando me preguntas que fue de mi día...
No puedo mas que sonreir y esconder en mis labios
toda la verdad que guardo en mi corazon,
jamas dire nada...
Sere la que espera mientras dejo que mi presa se confie.

Mi voz de vos

 

No está de más decirte que al lado tuyo aprendí lo que es estar en calma. 
Que imagino que si hablaran de un ser gigante amoroso, claramente tendría tu forma. 
Porque yo veo tu luz donde nadie más la ve, porque entiendo tu calma más allá de tu ser. 
Porque sé que dentro de esta historia no hay reclamos que hacer, 
Porque desde un principio cada uno sabe lo que tiene en su poder. 
Porque disfruto cada milímetro de esa energía que cuando llega a mí, quema. 
Porque disfruto ver tus ojos entrecerrados Y que todo tu ser se vuelva melodías y notas que muy pocos logran descifrar. 
Porque lo nuestro no necesita promesas escritas,
ni etiquetas que lo expliquen;
es un amor que va más allá del amor,
como un pulso invisible que late aunque nadie lo nombre.
Y cuando tus ojos se cruzan con los míos,
algo se ordena,
como si el mundo entendiera por un segundo
cuál es su lugar exacto.
Porque basta una palabra tuya —apenas dicha—
para torcerle el rumbo a mi día,
para que lo gris se vuelva tibio
y lo tibio, incendio.
No hacés ruido, no forzás nada,
pero me atravesás entero,
y en esa simpleza tuya
descubro que lo eterno
a veces empieza con una sola mirada.

Adolescente Amor

 

Encontré en una caja de cosas viejas, aquello que creí que me iban a hacer recordarte... ¡Vaya si lo lograron! 
Mira, este papel con ese dibujo te lo hice mientras hablábamos en la plaza... 
Y esta flor? Porque esto es una flor aunque está marchita. Esta fue la que arrancaste y me la regalaste queriéndome robar un beso. Cómo te fui a dar vuelta la cara...
Mira este muñequito de Jack, lo guardé porque me habías comprado ese chocolatín (creo que a mis 13 no existían todavía el dos corazones). 
Y te acordás cuando me mandaste a llamar? Y yo quería escaparme 5 minutos de ir a comprar para poder ir a verte. Me habían dicho que supuestamente me ibas a decir que seamos novios. No te voy a negar que tenía un miedo aterrador. ¿Novios? Eso era darte un beso y poder ir de la mano y que nadie nos diga nada. También sabía que le ibas a decir a mi papá que me querías. 
Y sí, abrí esta caja y me acuerdo de todo eso...
De tu mirada, de cómo caía tu pelo así de costado, de la sonrisa. 
Me acordé tanto de eso mientras abrí esta caja... 
Que hasta recordé todo lo que quise olvidarme. 
Que no llegué a verte. Que no hubo besos. Tampoco estuvimos de la mano. Que no pudiste hablar con mi papá. Que ni siquiera nos quedamos con el que hubiese sido. 
Porque sí es verdad yo no fui... 
Pero yo me enteré días más tarde que también te fuiste. Qué volaste. Donde nunca jamás podrías regresar. 
Porque desde esa cajita hasta hoy, creo que seguirás siendo ese ángel que una vez cada tanto voy a volver a recordar. 

Te vi

 

No sé en qué momento dejé de verte como siempre

y empecé a mirarte distinto,
como si algo en vos me estuviera llamando sin hacer ruido.
No fue un golpe de suerte,
fue esa manera tuya de quedarte,
de decir sin decir,
de entender sin preguntar demasiado.
Tu presencia tiene esa calma que no invade,
pero transforma.
Y cuando hablás…
hay algo en tu voz que acomoda lo que en mí a veces es caos.
Dicen que el amor empieza con fuegos artificiales,
pero lo nuestro —si es que tiene nombre—
se parece más a una luz que se enciende despacio
y ya no se apaga.
No te busqué.
Te encontré.
Y eso lo hace más verdadero.
Porque hay personas que no irrumpen,
se instalan suavecito
y cuando querés darte cuenta
ya son parte del paisaje que querés cuidar.
Si supieras lo que provocás cuando me mirás así,
cuando me hablás con esa mezcla de ternura y verdad…
entenderías que no es casualidad.
No me gustás por lo que hacés.
Me gustás por lo que soy cuando estoy con vos.
Y eso…
eso no se desanda tan fácil.