No sé en qué momento dejé de verte como siempre
y empecé a mirarte distinto,
como si algo en vos me estuviera llamando sin hacer ruido.
No fue un golpe de suerte,
fue esa manera tuya de quedarte,
de decir sin decir,
de entender sin preguntar demasiado.
Tu presencia tiene esa calma que no invade,
pero transforma.
Y cuando hablás…
hay algo en tu voz que acomoda lo que en mí a veces es caos.
Dicen que el amor empieza con fuegos artificiales,
pero lo nuestro —si es que tiene nombre—
se parece más a una luz que se enciende despacio
y ya no se apaga.
No te busqué.
Te encontré.
Y eso lo hace más verdadero.
Porque hay personas que no irrumpen,
se instalan suavecito
y cuando querés darte cuenta
ya son parte del paisaje que querés cuidar.
Si supieras lo que provocás cuando me mirás así,
cuando me hablás con esa mezcla de ternura y verdad…
entenderías que no es casualidad.
No me gustás por lo que hacés.
Me gustás por lo que soy cuando estoy con vos.
Y eso…
eso no se desanda tan fácil.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario