No está de más decirte que al lado tuyo aprendí lo que es estar en calma.
Que imagino que si hablaran de un ser gigante amoroso, claramente tendría tu forma.
Porque yo veo tu luz donde nadie más la ve, porque entiendo tu calma más allá de tu ser.
Porque sé que dentro de esta historia no hay reclamos que hacer,
Porque desde un principio cada uno sabe lo que tiene en su poder.
Porque disfruto cada milímetro de esa energía que cuando llega a mí, quema.
Porque disfruto ver tus ojos entrecerrados Y que todo tu ser se vuelva melodías y notas que muy pocos logran descifrar.
Porque lo nuestro no necesita promesas escritas,
ni etiquetas que lo expliquen;
es un amor que va más allá del amor,
como un pulso invisible que late aunque nadie lo nombre.
Y cuando tus ojos se cruzan con los míos,
algo se ordena,
como si el mundo entendiera por un segundo
cuál es su lugar exacto.
Porque basta una palabra tuya —apenas dicha—
para torcerle el rumbo a mi día,
para que lo gris se vuelva tibio
y lo tibio, incendio.
No hacés ruido, no forzás nada,
pero me atravesás entero,
y en esa simpleza tuya
descubro que lo eterno
a veces empieza con una sola mirada.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario