Encontré en una caja de cosas viejas, aquello que creí que me iban a hacer recordarte... ¡Vaya si lo lograron!
Mira, este papel con ese dibujo te lo hice mientras hablábamos en la plaza...
Y esta flor? Porque esto es una flor aunque está marchita. Esta fue la que arrancaste y me la regalaste queriéndome robar un beso. Cómo te fui a dar vuelta la cara...
Mira este muñequito de Jack, lo guardé porque me habías comprado ese chocolatín (creo que a mis 13 no existían todavía el dos corazones).
Y te acordás cuando me mandaste a llamar? Y yo quería escaparme 5 minutos de ir a comprar para poder ir a verte. Me habían dicho que supuestamente me ibas a decir que seamos novios. No te voy a negar que tenía un miedo aterrador. ¿Novios? Eso era darte un beso y poder ir de la mano y que nadie nos diga nada. También sabía que le ibas a decir a mi papá que me querías.
Y sí, abrí esta caja y me acuerdo de todo eso...
De tu mirada, de cómo caía tu pelo así de costado, de la sonrisa.
Me acordé tanto de eso mientras abrí esta caja...
Que hasta recordé todo lo que quise olvidarme.
Que no llegué a verte. Que no hubo besos. Tampoco estuvimos de la mano. Que no pudiste hablar con mi papá. Que ni siquiera nos quedamos con el que hubiese sido.
Porque sí es verdad yo no fui...
Pero yo me enteré días más tarde que también te fuiste. Qué volaste. Donde nunca jamás podrías regresar.
Porque desde esa cajita hasta hoy, creo que seguirás siendo ese ángel que una vez cada tanto voy a volver a recordar.
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